
Letelier tenía 44 años y había sido embajador en el mismo país que terminó conspirando para su muerte. Fue detenido por los militares golpistas el 11 de septiembre de 1973 cuando ostentaba el cargo de ministro de Defensa. Estuvo detenido en la Escuela Militar, el Regimiento Tacna y la lejana isla Dawson. Tras pasar por la Academia de Guerra Aérea y el campamento de Ritoque salió al exilio, pensándose a salvo de las manos del régimen militar, pero los tentáculos internacionales, manejados por Pinochet y su banda de maleantes lo alcanzaron en Washington, gracias a la acción directa del doble agente CIA-DINA, Michael Townley, quien presionado por Estados Unidos aceptó la responsabilidad de construir y poner la bomba, pero recibió una condena menor e inmunidad, a cambio de testificar en contra de sus ayudantes, cinco cubanos en el exilio. Tras cumplir parte de su condena, fue liberado bajo el amparo del programa federal de protección a testigos. Así, Estados Unidos jamás prestó real colaboración para aclarar el más grave atentado terrorista registrado en suelo gringo hasta antes del 11-S.
Según los protocolos de autopsias, Letelier murió por el desangramiento que le produjo la amputación traumática de sus extremidades inferiores y su acompañante, Ronnie Moffitt, falleció por aspiración de sangre, laceración de la laringe y de la arteria carótida derecha.
Tres décadas más tarde, la Presidenta Bachelet recuerda a su compañero de partido en la ONU y su par venezolano, Hugo Chávez, responsabiliza a “los terroristas de la CIA”. Ninguna sorpresa, aunque ojalá que tales acusaciones no disminuyan la principal responsabilidad, la del tirano Pinochet, próximo a cumplir 91 años.
El atentado contra Letelier formó parte de aquella terrorífica coordinación de las dictaduras de América Latina, bajo el nombre de Operación Cóndor, que buscaba eliminar personas de oposición de Chile, Uruguay y Argentina, sin importar el país donde se encontrasen.
La mañana del lunes 10 de septiembre de 1973, en su condición de ministro de Defensa, Orlando Letelier se reunió con el Comandante en Jefe del Ejército, Augusto Pinochet, quien, según narrara el propio Letelier ante la Comisión Internacional de la Junta Investigadora de los Crimenes de la Junta Militar en Chile en Ciudad de México en 1975, “hizo alarde de sus condiciones democráticas, de sus sentimientos de admiración y lealtad al Presidente Allende y de su decisión de cumplir con su juramento de soldado de defender hasta las últimas consecuencias la Constitución y la persona del Presidente de la República”. El propio dictador declaró posteriormente que, dos días antes, había discutido un documento con uniformados de otras ramas, mediante el cual se comprometía a participar “en la conjura destinada a quebrar la Constitución, a asaltar el poder y ocupar Chile por las armas”, puntualiza Letelier.
Menos mal que septiembre llega a su fin… Se me hace difícil tragar este mes del año, sumido en la ambivalencia de las fiestas patrias y La Moneda en llamas. Recordando a los mártires de la Unidad Popular y su mensaje de justicia y esperanza, me acercó con más optimismo a fin de año.







Qué gran patada en el culo les dio Evo Morales, Presidente de Bolivia, a las grandes transnacionales que por décadas usurparon los recursos naturales del país altiplánico. Como no recordar al Compañero Presidente cuando nacionalizó el cobre, gracias a lo cual hoy Chile puede contar con excedentes millonarios que, invertidos con prudencia fiscal, permitirán el progresivo desarrollo de Chile y sus habitantes. Algunos dirán que los pobres no ven nada cuando se habla de tres mil millones de dólares, sin embargo, es claro que reducir la pobreza de un 40% a un 18%, como ha ocurrido en los últimos 16 años es una proeza que ningún país latinoamericano ha podido alcanzar. Peor todavía, algunos países, muchos, todavía registran a más de la mitad de la población viviendo bajo la línea de la pobreza, lo que en Bolivia puede revertirse gracias al coraje del Mandatario indígena.





